Conceptos fundamentales

Hablar de los conceptos fundamentales de la NM, nos obliga a dirigir la atención a campos no usualmente visitados ni por los médicos ni por la llamada medicina científica.

Existe actualmente una tendencia a hablar de una medicina basada en la evidencia, que no es otra cosa que seguir remarcando los hechos que el paradigma médico cataloga como tales. Entran en el terreno de las evidencias solo aquellas que responden al origen siempre externo de la enfermedad y al concepto de cura como desaparición de los síntomas manifiestos.

Es por eso que es necesario redefinir el concepto de salud y de enfermedad

Quizás tengamos que plantearnos que no debemos buscar siempre más de lo mismo. Que habrá que buscar nuevas direcciones, nuevas miradas hacia antiguos hechos.

Hay suficientes datos para aceptar que la medicina tal como se ha planteado hasta ahora, ha ayudado sustancialmente (con la ayuda de la higiene y de la técnica) a resolver problemas agudos que hubiesen llevado a la muerte a mucha gente, pero a la vez se ha mostrado siempre inepta para solucionar los problemas de salud no agudos tales como el cáncer, los problemas mentales, etc.


Es por eso que hay investigadores que han dirigido su mirada a otros campos. Y eso no significa negar o suprimir las miradas anteriores sino revaluarlas para utilizarlas mejor.

Una de estas miradas, entre tantas es la de Hamer. ¿Y adonde apunta esa mirada? A la evolución. A la relación que existe entre todos los seres vivos que han existido y nosotros. Es decir no solo a nuestra historia sino también a nuestra pre-historia. A la forma en que esa evolución ha quedado registrada en nuestro cerebro, nuestros órganos y nuestra psiquis.

No puede ser menos que interesante comenzar a pensar el sentido de la enfermedad en conexión con todas las manifestaciones de la vida desde su origen. Entender la forma y el motivo por el cual un ser unicelular pasó a ser multicelular; un ser que vivía en el agua necesitó vivir en la tierra o un cerebro primitivo se convirtió en un cerebro moderno. Entender sus formas y motivos es acercarnos a la dinámica de la conversión de una célula -normal- en una célula -anormal-. Es también comenzar a entender porque un moderno ser humano puede a veces comportarse como un reptil, un pájaro, un niño o un predador de la jungla.

Hamer propone para entender esto, lo que él llama cinco leyes de la Nueva Medicina. Ellas son:

1-       Primera ley

Ley Férrea del cáncer

2-       Segunda ley

Ley del carácter bifásico de las enfermedades que presentan solución de conflicto

 3-       Tercera ley

Sistema ontogénico de tumores y enfermedades análogas

 4-       Cuarta ley

Sistema ontogénico de los microbios

5-       Quinta ley

Ley del sentido biológico de las enfermedades especialmente programado por la evolución

En estas leyes podemos observar tres conceptos que llamamos fundacionales, es decir que nos van a permitir pensar la lógica de la Nueva Medicina. Ellos son: la evolución, la inclusión y la búsqueda de sentido.

La evolución es la serie de adaptaciones, es decir, de cambios en el material genético, que el ser vivo ha tenido que realizar en el curso del tiempo para sobrevivir ante las continuas amenazas a su subsistencia. La enfermedad se enlaza a la evolución, considerándola Hamer una rememoración de ese pasado evolutivo.

La evolución no es otra cosa, que la relación que nos une a todos los seres vivos. Esa relación está registrada en nuestros órganos pero también en nuestros cerebros y nuestra psiquis. Este es el concepto que más nos interesa. Todos estamos unidos. Un ser humano puede comportarse como un reptil o como un pájaro por esta unidad evolutiva. Estamos atados a esa unidad.

Anticipemos que Hamer dice que la enfermedad es la rememoración de ese pasado evolutivo. Si un estómago se enferma, es porque rememora a un antepasado suyo, lo que podríamos llamar un protoestómago. Asume el rol de un familiar lejano. Recordemos esto.

Cuando Hamer incluye a la evolución en la interpretación de la enfermedad, lo hace con una frase contundente: –Nosotros creemos que pensamos pero la evolución piensa por nosotros-.

La inclusión es la incorporación en la interpretación de la enfermedad, de los hechos fundamentales de la existencia del individuo: su historia, su pre-historia y la insatisfacción de los requerimientos biológicos que la naturaleza le ha impuesto. Esto nos lleva a redefinir el concepto de salud, ya que no puede estar sano un sujeto que aunque no tenga síntomas no esté cumpliendo con los desafíos que la vida le propone. Quien está incluido aquí es el sujeto  y no ese objeto llamado enfermedad reducido a una sustancia química, una reacción de laboratorio o una descripción interpretativa de tejidos  o células.

Nos habla de guiones biológicos que él llama -programas especiales de la naturaleza- que se activan justamente cuando la persona ya no piensa sino que es pensada por la evolución.

El tercer concepto fundacional es la búsqueda de sentido. El sujeto enfermo marca una dirección, un para qué de lo que le sucede. Una búsqueda que se remonta a su pasado evolutivo que está incluido en su historia como individuo.

Es necesario entender que cuando se activa ese programa especial, es porque se busca una solución a un problema. Lo que sucede es que quien busca esa solución no es el moderno sujeto sino la vieja evolución. Y lo hace a su manera.

El problema en sí parece ser atribuido por Hamer (en una primera mirada) a la necesaria desaparición del menos apto para la supervivencia.

Nosotros creemos que el problema es la dimensión mágica en la que se mueve la evolución; algo así como una infancia evolutiva que debe ser trascendida por una adultez evolutiva que aún no comprendemos.

A partir de estos conceptos fundacionales, nos podemos acercar a los conceptos básicos de la NM.

El primero de ellos es el llamado DHS, que significa Sindrome Dirk Hamer y que según su autor es el suceso que desencadena la enfermedad. Allí el sujeto se encuentra en un atolladero, en un callejón sin salida, en una paradoja. Teniendo en cuenta la evolución, este momento es la repetición de un cruce evolutivo que se desarrolló en millones de años y que ahora exige se resuelva en un instante. Al hablar de la primera ley, lo veremos en toda su dimensión.

Desde el punto de vista de la inclusión, el DHS es un hecho que tiene relación con la historia del individuo y con la insatisfacción de sus requerimientos biológicos básicos. No cualquiera hace un DHS.

Desde la búsqueda del sentido, el suceso que desencadena la enfermedad pone de manifiesto un obstáculo que no siempre está en la historia del sujeto y que puede enlazarse a generaciones anteriores.

Según Hamer es el suceso que desencadena la enfermedad. Recordemos que debe ser sorpresivo, vivido en soledad y subjetivamente dramático. Ante un hecho así, la persona no puede responder con furia o tristeza, es decir, con dolor psíquico, sino que responde desde otro plano, desde la célula, el soma.

Es una respuesta paradojal como la que vimos con el ejemplo del maestro y de su amenaza con el bastón.

Decimos que el DHS es un suceso que tiene la capacidad de no poder evitar ser respondido pero que la respuesta es imposible en el plano en que se la propone.

Como si tuviera que ver con otra cosa que no se ve.


Otro de los conceptos fundamentales de la NM es lo que Hamer llama conflicto biológico(CB). Con él se refiere al cruce entre una necesidad biológica y su insatisfacción. Es precisamente este cruce lo que permite la rememoración de un programa biológico de adaptación a este obstáculo. De este conflicto surgen comportamientos celulares tales como la proliferación (el tumor), la úlcera, la necrosis, etc.

Si lo vemos desde el concepto fundacional evolutivo, el CB, es el registro físico que se produjo en los distintos tiempos de la evolución cuando el ser vivo se enfrentó a una amenaza a su supervivencia. Así cuando pasó del agua a la tierra, se encontró con el obstáculo de no poder captar el oxígeno del aire. Tenía branquias que eran capaces de tomar oxígeno del agua pero no del aire. Eso es un conflicto biológico y lo resolvió en millones de años con miles de intentos fallidos hasta formar una célula específica y diferente. Así se formó el sistema respiratorio.

Evolutivamente el CB es la rememoración de esa etapa primitiva llevada a un tiempo humano. Se generan células primitivas, indiferenciadas, no específicas para captar oxígeno repitiéndose una búsqueda humana en un espacio aún no humano.

Si vemos el CB desde el segundo concepto fundacional (la inclusión) hay una tendencia de ese sujeto (marcada por su historia y por su vivencia de insatisfacción)  a que se afecten determinados órganos y funciones y no otros. A esto, la medicina lo llama -predisposición genética- y las disciplinas orientales -tendencia kármica-. Nosotros en la medicina psicobiológica lo llamamos –automatismos de repetición biológica-. Ellos tienen que ver con dos leyes que luego estudiaremos. La primera es la -ley biológica de descarga- y la segunda es la -ley existencial de la polaridad-.

Si vemos el conflicto biológico desde el tercer concepto fundacional, nos acercamos a dos aperturas que hemos introducido recientemente y que son los -arquetipos celulares- y -el contrato prenatal-.

Ellos ocuparán parte de este curso y los analizaremos profundamente. Por ahora digamos que existen guías biológicos que son las formas que las células han conocido de sí mismas durante los distintos tiempos evolutivos. Son formas arquetípicas que pueden expresarse en cualquier momento de la vida del sujeto. Son dos: 1) el arquetipo de la célula madreen sus expresiones toti, multi, pluri y uni potencial. Allí encontraremos el sentido del CB a través de dos metáforas: la célula madre nutritiva que dará origen a los tumores y la célula madre protectora que dará origen a las úlceras; 2) el arquetipo suicida o de la célula en apoptosis que dará origen a las necrosis y a las parálisis.

Ambos conceptos nos ayudarán a entender lo biológico desde lo humano.

Hamer dice que el conflicto biológico surge de una necesidad biológica que no es satisfecha. La respiración, la nutrición, la sexualidad. Esto determina una respuesta automática que repite lo que la evolución ha impuesto en millones de años. Esos proto comportamientos son nombrados por la medicina, -enfermedad-.

Pero si observamos con la atención centrada, el conflicto no es entre la necesidad y su satisfacción sino entre una respuesta lógica (me quitan el espacio y me enojo) y una respuesta mágica (me quitan el espacio y la célula del pulmón crece para captar más oxígeno). Hamer habla del primer conflicto pero no deja claro que lo que desencadena la enfermedad es el segundo conflicto: la respuesta mágica de una célula que se atribuye la capacidad de solucionar el problema -infantilmente-.


Otro concepto que debemos abordar es la relación entre el terapeuta y el paciente. Esta deja de ser la relación entre un amo, que supuestamente lo sabe todo, y un esclavo sin deseos ni esperanzas, que se somete ciegamente a lo que el médico le dice.

Así como el único objeto de estudio de la medicina es la enfermedad y no el enfermo, en la NM el sujeto queda incluido con su historia, con lo no dicho de su información transgeneracional y con sus códigos biológicos arquetípicos.

Esta inclusión hace que el terapeuta forme parte de un modelo en el que se confronte el código biológico en el que se expresa el paciente (tumor, úlcera, disfunción, etc.) con una respuesta de adaptación a concluir (ataque, huída, sometimiento), llegando a un momento de conclusión del  conflicto biológico (CB). Esto lo comenzaremos a entender cuando luego veamos los códigos pre verbales que el ser vivo en su evolución fue creando para dejar de luchar y sobrevivir.


Otro concepto importante en la NM es el llamado foco de Hamer (FH). Este es un registro que se visualiza a través de una TAC (tomografía axial computada) de cerebro, que nos permite evaluar el origen del CB, el tipo de lesión, su intensidad y su estado actual.


Otro concepto que debemos nombrar es el de los requerimientos que la vida ha ido creando en el curso de la evolución, planteándole conflictos de supervivencia al ser vivo y que este ha tenido que superar para adaptarse a nuevas formas de existencia.

Hamer habla de cinco necesidades biológicas básicas, que desde lo más primario a lo más complejo son: nutrición, reproducción, defensa, estructura de sostén y formación de grupos.

Estos requerimientos a través del lenguaje y de las recategorizaciones que los cambios cerebrales han permitido, han dejado de ser solo necesidades biológicas y han pasado a ser demandas socioculturales. La nutrición se ha convertido en insaciabilidad, la reproducción en el autosacrificio, la defensa en el acorazamiento, la estructura en la autovaloración y la formación de grupos en crisis territoriales.

Todos ellos se incluyen en el origen de la enfermedad y el valor de aprendizaje de su análisis y su resolución forma parte (no exclusiva) del nuevo modelo terapéutico que propone la Medicina Psicobiológica (MPS).


También debemos mencionar que el ser humano hace entrar permanentemente a la naturaleza en conflictos de supervivencia a través del uso indiscriminado de las fuentes de vida sobre el planeta. No solo nos referimos a la contaminación del aire y del agua, a la manipulación genética, a la destrucción de los bosques, a la matanza de grupos de animales, etc., sino también a los conflictos colectivos que los grupos humanos generan con la injusticia, la crueldad, la falta de identidad como especie, la exclusión de semejantes y la dominación cultural. Esto genera campos de resonancia que alcanzada una masa crítica, producen respuestas de las fuerzas de la naturaleza por la violación de las leyes de supervivencia.

El comportamiento ambiguo del ser humano, que luego estudiaremos, ha generado conflictos colectivos en toda la historia de la humanidad y de ellos han surgido el cáncer, el sida, las pestes, etc.


Otro concepto que hemos aportado desde la MPS es el de –discurso del cáncer-. Con el nos referimos al congelamiento de todos los significados posibles del incidente crítico(DHS) para que emerja un único sentido posible: el biológico. Este congelamiento es el que produce el CB y quien lo determina es el arquetipo celular. A esto lo llamamos opción crítica.

Un tumor de estómago crecerá no solo por un DHS (la traición de un amigo) sino porque el arquetipo de la célula madre nutritiva es el automatismo  biológico de repetición que en la historia de ese sujeto lo piensa a él. (en este caso, la búsqueda de la presa)

Así el discurso del cáncer, es el modo en que el sujeto es pensado en su historia. Esto nos ayudará a entender un nuevo modelo terapéutico en donde todos estamos inmersos en repeticiones transgeneracionales, en lealtades familiares invisibles, en secretos de familia, en sincronías, en síndromes de aniversario, etc.

Si el sujeto es pensado por la evolución, esto significa que él no piensa.; es decir que el pensamiento lógico queda excluido.

Si sabemos que la evolución une a todos los seres vivos de todos los tiempos, el discurso del cáncer (que lo hemos definido como el congelamiento de todos los sentidos posibles para que emerja un único sentido biológico) expresa el intento de inclusión de algo que pertenece al pasado evolutivo. En el discurso de esa persona, vamos a encontrar la exigencia de un pasado de excluir cualquier otra alternativa que no sea la evolutiva


Otro de los aspectos fundamentales que surgen de la MPS, es diferenciar los síntomas de sus causas y también de sus fuentes. Para la NM, todas las enfermedades tal como la medicina académica las nombra son síntomas. Las causas están en el desequilibrio del SNA, que veremos en la segunda ley. Pero las fuentes de la enfermedad son tres y vamos a verlas un poco más en detalle.

La primera fuente de la enfermedad es lo que Edelman llama las áreas de concepto.

En los primeros tiempos se generó una asociación de ciertos estímulos con determinadas zonas cerebrales, por ejemplo la zona del aparato digestivo con el tronco cerebral. A partir del reforzamiento de estas zonas perceptivas, se seleccionaron zonas del cerebro que dieron origen a una memoria primitiva o filogenética. La relación de regiones del cuerpo con zonas cerebrales y la memoria de esta relación pasaron a ordenar los comportamientos biológicos básicos: nutrición, reproducción, defensa, etc. Estas áreas que Edelman llama -de concepto- son el fundamento de las pautas de conducta orgánicas y cerebrales que existieron antes de la palabra. Son los primitivos mapas cerebrales que siguen existiendo en todos nosotros y que se activan ante la percepción del estímulo del área. Luego aparecieron los módulos cerebrales modernos con su capacidad analítica y discriminativa, que no reemplazaron a los anteriores sino que se superpusieron a ellos. El lenguaje, con sus leyes, vino a recategorizar esas áreas de concepto. Sin embargo, ellas siguen existiendo. Son percepciones con su propio sentido del tiempo y del espacio y con su propia memoria. A ellas, McDougall las ha llamado -el territorio de lo Imposible-. Sus recuerdos son las expresiones orgánicas y cerebrales que llamamos enfermedad.

La segunda fuente de la enfermedad es la estructura psíquica de la persona, a través de la cual, el sujeto percibe los hechos y los interpreta. Aquí se establece una relación entre las áreas de concepto y la palabra y entre la memoria filogenética y la memoria moderna.

Lo que nos interesa por ahora, de destacar en estas dos fuentes, es su capacidad de percibir un hecho como una amenaza a la supervivencia y de convertir esa percepción en una respuesta biológica de adaptación.

La tercera fuente es la relación que existe entre la primera y la segunda y que llamamos -la alienación-. Nuestra subjetividad nace con el otro y si bien nos funda como sujetos deseantes, nos somete al deseo del otro. Somos seres escindidos, obligados a buscar lo que deseamos y condenados a vivir lo que rechazamos.

El concepto de las tres fuentes de la enfermedad, nos ayuda para abrir paso a un nuevo modelo terapéutico que entienda   que estamos trabajando con registros físicos muy primitivos que necesitan comprenderse en su dimensión y no en la nuestra. Las áreas de concepto deben ser abordadas con instrumentos biológicos, pero la relación entre la memoria filogenética y la memoria moderna debe hacerse desde la figura de los arquetipos de supervivencia, que son los guías de esa relación.

Es por eso, que la MPS si bien atiende los síntomas y las causas, también atiende las fuentes proponiendo una epistemología que más que la verdad busca el sentido y una salida al atolladero o paradoja que la enfermedad está marcando.

Todo lo que la medicina llama enfermedad es síntoma. Las causas según Hamer son los conflictos biológicos. Ellos se dirimen en regiones del cuerpo ordenadas por el cerebro creando mapas que se activan a través de la percepción del DHS. Es decir que existe el cerebro con sus mapas, los órganos con su lenguaje y la psiquis con sus representaciones. Todos ellos se fundan en el otro. En su material genético y en la transmisión pulsional. Al estar fundados en el otro, estamos sometidos a su deseo; estamos alienados. Es este sometimiento lo que llamamos la repetición de un pasado. Este pasado se ha ordenado en nuestros cuerpos. Es ese orden lo que está en juego cuando se trata la enfermedad. Es un orden natural. Es lo que la evolución nos ha dejado. No está ni bien ni mal. No hay moral en la enfermedad. Tampoco hay desorden. No es el sentido humano. Es el sentido de la evolución.

Es así que en el modelo Hameriano abordamos lo siguiente:

1)      la enfermedad es la rememoración de un pasado evolutivo; es decir se asume un rol de un antepasado.

2)      Los guiones biológicos que Hamer llama programas especiales de la naturaleza, son activados porque el sujeto ya no piensa sino que es pensado por la evolución.

3)      El sentido de la enfermedad no está en la prueba de supervivencia del más apto sino en la dimensión mágica de una infancia evolutiva que no abre paso a nuestra dimensión lógica.

4)      El DHS es un suceso que no puede evitar ser respondido pero que paradojalmente no puede ser respondido en la dimensión en la que se plantea.

5)      El conflicto biológico es el conflicto entre la dimensión mágica de la célula y la dimensión lógica humana.

6)      En el discurso del cáncer se expresa un pasado que exige ser incluido.

7)      Estamos atados a ese pasado y al orden que propone. Solo conociendo ese orden podemos liberarnos de la repetición compulsiva de los programas biológicos.


¿Cómo comenzamos? Lo hacemos con el registro en un documento que llamamos historia clínica. En ella, escribimos lo que el paciente, al decir, cree que sabe y lo que el terapeuta, al escuchar, cree que no sabe.

Se comienza con el motivo de consulta (su dolor, su tristeza, su enfermedad) y se continúa con la historia de la persona y de la enfermedad actual. Se registran su carácter, sus miedos, su forma de reaccionar, en la búsqueda de un modo de ser en el mundo.

En este encuentro, el terapeuta debe registrar lo que el paciente no habla pero está comunicando a través de un lenguaje no verbal. Como ejemplo de ello, observamos: 1) la respiración: si es torácica y la persona ingresa poco aire viéndose obligada a espirar profundamente (solo puede dar y no sabe recibir); o si la inspiración es abdominal, pero apenas espira debe nuevamente ingresar aire (no puede entregarse, teme perder el control), 2) la ocupación territorial: si es proveedor (no le gusta hablar de sí mismo, se aleja del escritorio) o territorial (trae la silla de su costado a su cuerpo, -invade- el escritorio); 3) la gestualidad: hay algunos gestos que hasta nos describen el problema (posturas, chasquidos, inexpresividad).

A todos estos signos los llamamos significantes, porque no solo describen la relación del sujeto con el terapeuta, sino consigo mismo y con los demás.

Es necesario escuchar al paciente con la atención centrada en él y en su contexto. Cuando él habla de su familia o la dibuja o la actúa, se puede percibir, si usamos esa atención, que alguien falta y orientarnos decididamente hacia la solución del problema. Esto lo debemos hacer con cariño y respeto por el semejante que nos pide ayuda. Si no estamos en condiciones de hacerlo así, es conveniente citar al paciente para otra oportunidad. Debemos entender lo importante que puede ser para esa persona este encuentro y no desviar la atención en nada que no sea la solución de su problema. Si no encontramos la ayuda que él necesita, hay que decirlo y utilizar la fuerza que genera ese encuentro -fallido-. No somos infalibles ni tenemos todas las respuestas pero nuestra actitud igual puede servir a la curación de esa persona.

Cuando le preguntamos sobre el DHS, observamos el recuerdo de los hechos de los últimos meses o años y luego dirigimos su atención a la forma de reaccionar ante los hechos. Aquí, lo estudiado por Hamer adquiere una dimensión muy valiosa en cuanto al lenguaje de los órganos y nos permite orientar nuestra búsqueda en relación a lo que el órgano expresa.

Algunos pacientes vienen a la consulta con el DHS detectado, interpretado y solucionado. Pero igual de enfermos. Es por eso que atravesamos el modelo de Hamer con los otros modelos para poder abordar lo que el paciente nunca podría abordar solo. No se trata de decirle que se separe del marido o que cambie de trabajo. Esa no es una solución. Ni siquiera ese es el problema……

 

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